Aprendizajes entre voluntarios

Hola primer@s lectores. Una de las experiencias que más me ha llenado como persona han sido los voluntarios que he hecho. A cada voluntariado que he ido he aprendido cosas diferentes. 

El primero fue el más novedoso y el que más me abrió los ojos. Era la primera vez que viajaba sola y además iba a pasar dos semanas de mi vida con gente que no conocía. Yo soy una persona que sobrepiensa bastante y la incertidumbre es algo donde no me sé desarrollar. Pero, para mi sorpresa, fue una de mis mejores experiencias. El trabajo que teníamos que realizar era bastante monótono y aburrido, pero eso nos dio oportunidad a hablar y a conocernos más entre nosotros. Mientras estábamos ahí, hablábamos de muchísimas cosas, entre ellas qué era lo que queríamos estudiar, a lo que yo respondí Pedagogía. Algunos no sabían lo que era, pero una de las chicas con las que estaba hablando —a día de hoy mi amiga— me dijo que era un trabajo que me pegaba mucho, porque era capaz de entender muy bien a las personas y saber qué hacer para que ellas vieran todo lo bueno que tenían. Esa frase se me quedó grabada y todavía la recuerdo como un impulso que me reafirma en lo que hago.

El segundo voluntariado fue diferente. Llegué más tarde que el resto de mis compañeros y eso me hizo sentir bastante ansiedad. Que todos ya se conocieran entre ellos y yo tener que unirme lo veía como todo un reto, sobre todo para una persona tan poco social como soy. Teníamos que trabajar con niños y fue una experiencia increíble. Aunque la barrera del idioma estuviera presente, porque no en todo momento nos entendíamos, yo sentía que era capaz de conectar muy bien con los niños de otras maneras. Me ilusionaba un montón que vinieran a pedirme que jugara con ellos, me avisaban cuando necesitaban ayuda con algo, era súper bonito ver cómo venían corriendo a darme un dibujo porque les hacía ilusión. Eso me hizo sentir que de verdad valía para esto y que podía aportar algo significativo.


Este año he hecho mi tercer voluntariado y siempre es diferente, pero nunca para mal. En este no estuve trabajando con niños, pero en cierta manera sí me sentía un poco responsable. La mayoría de mis compañeros eran más pequeños que yo y era su primer voluntariado. Por eso tomé un poco las riendas a la hora de socializar, colaborar con el grupo a la hora de desarrollar las normas, cocinar y evitar que en los tiempos muertos cada uno estuviera a su bola. Realmente no sé si lo llegué a conseguir, pero lo que sí sé es que era la persona a la que acudían para arreglar un conflicto, cuando necesitaban un consejo o simplemente desahogarse o buscar motivación. Fue en esos momentos, mientras lavábamos platos o preparábamos algo juntos en la cocina, cuando sentí que me buscaban porque confiaban en que los iba a apoyar y a motivar, entendiendo que cada uno tenemos vidas distintas, vivimos en ciudades diferentes, con familias, amigos y maneras de ser distintas.


Mirando hacia atrás, me doy cuenta y pienso que la pedagogía no siempre está en un aula ni en un libro; a veces aparece en lo cotidiano, en los gestos simples, en la confianza que otros depositan en ti. Y esas pequeñas experiencias, lavando platos o conversando mientras cocinamos, son las que me han hecho sentir que, a lo mejor sí soy un poco pedagoga y de verdad, puedo acompañar y aprender junto a los demás.





Comentarios

  1. ME ENCANTA tu relato!! Muestra muy bien cómo el voluntariado también es un espacio de aprendizaje personal, no solo de ayuda a otros. Me gusta cómo reconoces que la pedagogía se construye en los gestos cotidianos, en la escucha y en el acompañamiento, incluso fuera del aula. Se nota que estas experiencias no solo te han hecho crecer, sino que también han confirmado tu vocación desde algo muy humano y auténtico.

    ResponderEliminar

Publicar un comentario

Entradas populares